Así me atendió el otro día un cliente. Yo en el hall y él diez peldaños más arriba desde la escalera que daba acceso a mí.

Está claro que el sistema de atención a proveedores, en época de pandemia, no estaba depurado, suponiendo la consiguiente pérdida de oportunidad para ambos.

Y esto me sugiere una pregunta: – ¿En todo el entramado de la empresa cuantas oportunidades se están perdiendo sólo por no tener definidos, con tiralíneas, los métodos de comunicación con el exterior?

Ya no quiero ni pensar lo que la ampliación de espacios libres en el espacio físico de la empresa pueda impactar en el desarrollo de la actividad y en sus costes.

Y, ¡Ojo!, para organizar el lío que la distancia “social” exige en los puestos de trabajo, todas las empresas son distintas. Da lo mismo que sean del mismo sector y que tengan la misma actividad. Y no hay hemeroteca que tenga diseñados remedios para estos males.

Todos los parámetros exigidos, y los no exigidos pero de sentido común, para evitar los contagios en esta pandemia, nos ponen en situaciones desconocidas en nuestras empresas e incluso en nuestras casas.

Es preciso tomar las medidas necesarias y desarrollar métodos óptimos para resultar ágiles en nuestra actividad y no agonizar por una contingencia.

Necesitamos, todos, ser precavidos pero, a la vez, atrevidos amparados en el cumplimiento de parámetros de protección diseñados con conocimiento. Lo mejor para evitar quemaduras solares en la piel no es prescindir de la playa ni tampoco embadurnarse de protector solar.

Porque este virus, y puede que en el futuro otros, ha venido para quedarse. Tendremos que aprender a vivir con él.

En los países caribeños construyen viviendas simples para que el impacto de un ciclón suponga una mínima pérdida económica. En cuanto pasa el meteoro levantan otra con poco esfuerzo y a empezar de nuevo. ¿serán más listos?

Aquí no. Aquí todo bien sólido, sin opción a la versatilidad. Luego viene un ciclón Covid-19 y nos quedamos como las vacas mirando al tren, esperando que pase el problema y perdiendo oportunidades de adaptarnos a lo actual y a lo que nos pueda venir.

Nos pasó en la crisis de 2008 y no aprendimos. Nos está pasando ahora y sólo unos pocos aprenderán. Algunos con ayuda y otros sin ella.

Pero…”Doctores tiene la Iglesia” que saben organizar, particularizadamente, empresas y actividades en todas las casuísticas. Estos hacen que se pierdan menos ocasiones y se prospere con criterio.

Así que, por favor señor empresario, no deje pasar oportunidades por temor. Organícese.

Las oportunidades mueven el mundo y yo, proveedor, puedo ser una de ellas.

 

Pedro Martínez

Delegado de Gestión de Iberdac

pedromartinez@iberdac.com

 

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